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EDITORIAL

Hipocondría

ARNOLDO KRAUS
martes 14 de mayo 2019, actualizada 7:19 am


La hipocondría o hipocondriasis es un tema fascinante. Compete a pacientes, a familiares y amigos, a literatos y a médicos. Los enfermos hipocondríacos no aceptan ese diagnóstico: para ellos, lo que sienten es real. Buscan doctores y amigos que los comprendan. Consumen medicamentos, gastan dinero y pasan de un consultorio a otro en busca de diagnóstico. El epitafio de un hipocondríaco, resume, con gracia, sus avatares, "¡No que no, cabrones!". Para quien la padece, y para sus seres cercanos, la hipocondría es problema serio. La mayoría buscan soluciones por doquier: médicos, curanderos, homeópatas, brujos, metaloterapistas e infinidad de charlatanes, incluyendo doctores, son objeto del turismo médico de esos enfermos.

Disuadirlos de que sus quejas no provienen de alteraciones físicas es complicado. Incluso médicos avezados, a pesar de dedicar tiempo y esfuerzo, después de revisar al paciente y solicitar exámenes, con frecuencia no logran convencer al enfermo que sus males no son orgánicos sino mentales.

El origen del término hipocondría proviene de una región anatómica conocida como hipocondrio, situada por debajo de las costillas del lado derecho del abdomen. De acuerdo a la escuela médica humoral, en esa región se acumulaban los vapores causantes del mal. En la antigüedad se consideraba que dichos vapores producían tristeza y melancolía, datos frecuentes en ese grupo de pacientes.

Tratar pacientes hipocondríacos es un reto interesante. Aseverar que ésa es la razón de las molestias supone haber descartado un sinfín de patologías. Se requiere experiencia para asegurar que el problema es mental y no físico. Equivocarse conlleva riesgos; no diagnosticar retrasa tratamientos y facilita la progresión de la patología. Las quejas de los hipocondríacos suelen ser diversas y cambiantes. De ahí que en ocasiones sea menester, ya sea por solicitud del afectado o por dudas del profesional, realizar "muchos" exámenes, algunos muy elaborados, siempre onerosos.

Acudir al laboratorio y/o a Rayos X, no es inadecuado. Sin embargo, cuando "aparecen" hallazgos inesperados que no se vinculan con la queja del enfermo surgen problemas, i.e., ¿qué hacer cuando una persona acude por dolor de cabeza y se le solicita un ultrasonido abdominal que muestra un crecimiento pancreático?, ¿seguir estudiando el páncreas?, ¿llamar a un cirujano?

En medicina, sobre todo en la que poco repara en el ser humano y deifica a la tecnología, ese tipo de hallazgos, incidentalomas en el argot profesional, deviene un problema complejo. Incidentaloma es un hallazgo incidental, no esperado, que aparece fortuitamente y sin relación con el motivo de estudio del enfermo.

La mayoría de esas alteraciones no tienen significado clínico; probablemente algunas de esas anomalías sean antiguas e inocuas. El médico amante de la clínica y no casado con la tecnología suele no investigar los incidentalomas, "los vigila" y de cuando en cuando pide exámenes para conocer el estatus de la lesión. El galeno amante de exámenes y de interconsultas somete al interesado a nuevas pruebas, muchas veces contraproducentes -en "El enfermo imaginario", Moliere, quien odiaba a los médicos, dice en voz de uno de sus personajes, "¿Para qué quieres ver a dos médicos si con uno basta para que te maten?"-. Tratar a un paciente hipocondríaco no es sencillo. Se requiere tiempo y paciencia. Es la única forma de convencerlo de la naturaleza de sus males; cuando se comprende el origen muchos mejoran.

En "Las aventuras del Barón Münchausen", Rudolf Erich Raspe narra una serie de hazañas ficticias, extravagantes y asombrosas del Barón que incluían viajar a la Luna, al infierno con Vulcano, matar a un oso o cabalgar sobre una bala de cañón. Las aventuras dieron pie al Síndrome de Münchausen, trastorno ficticio caracterizado por una serie de padecimientos irreales creados por el enfermo, quien finge síntomas en forma repetida y consistente en ausencia de patologías corporales. Las personas afectadas suelen recurrir a diversos médicos y a servicios de Urgencias. Es frecuente someterlos a cirugías o procedimientos innecesarios. Existen por lo menos seis películas basadas en la novela, así como caricaturas y cuadros; de hecho, la mayoría de los pacientes con Síndrome de Münchausen son materia para nuevas novelas.

La hipocondría es un tema fascinante. Desafía a médicos, agobia a familiares e ilumina a todo tipo de creadores. A nadie, ni a familiares ni a médicos, le gustaría ser blanco de su epitafio, "¡No que no, cabrones!".

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