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Monclova

Valladares, un pueblo que se niega a morir

Ubicado en el municipio de Candela, en esta localidad habitan 15 personas, donde han resurgido los hatos de ganado caprino para su sostén

SERGIO A. RODRÍGUEZ / EL SIGLO COAHUILA / MONCLOVA
lunes 29 de julio 2019, actualizada 1:05 pm

El sol caía a plomo, eran pasadas la una y media de la tarde, y la enorme plaza principal, recién arreglada y embellecida, estaba vacía. Pero la verdad, así está siempre esta, igual que todo el pueblo.

Valladares es una población que se pierde en la historia de Coahuila, con más de 300 años desde su fundación. Fue un asentamiento español castigado, asolado y acosado por los indios de la región, a los que consideraban salvajes y creían caníbales; la comunidad fundada por 10 familias españolas peleó por años contra los pueblos originarios hasta extinguirlos, y años después se convertiría en un modesto pueblo, rico en alfareros y artesanos, que producirían con sus manos toda clase de cosas para el hogar.

No brilló por grandes artistas, pero sí por excelentes trabajadores del material de barro de gran calidad de la región. Además era una comunidad muy trabajadora, como cualquier población rural.

Sus habitantes vivían de su trabajo, como alfareros y fabricantes principalmente de jarros, también de agricultores sembrando sus parcelas, y dueños de enormes hatos de ganado caprino, que con la desaparición de los indios comenzaron a multiplicarse.

Cuanto estalló la Revolución, los habitantes vieron diezmados sus patrimonios y hasta la misma población, porque al paso de soldados, fueran revolucionarios o federales, el ganado desaparecía, las cosechas eran robadas y las mujeres secuestradas.

"Mi abuela contaba que cuando avistaban a las tropas (que iban a llegar al pueblo) sus mamás hacían pozos en los patios y ahí las metían (a sus hijas), las cubrían con tierra, luego echaban forraje arriba de ellas y amarraban un caballo a un lado para ocultarlas de los soldados", narró élida López Garza, una de los 15 habitantes que hoy viven en la comunidad.

Orgullosa de su pueblo, la mujer, sin edad, curtida por el aire caliente y seco, por el polvo y por el sol del desierto, platicó orgullosa a El Siglo de Torreón la historia de Valladares, pueblo que vivió también sus glorias.

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En lo político, Jesús Carranza, hermano del jefe del Ejército Constitucionalista y presidente de México, Venustiano Carranza Garza, gobernó Candela, y en Valladares tuvo la presidencia municipal. El alcalde Carranza consiguió que se construyera la imponente estación de ferrocarril, que más parece un palacio o castillo.

Pero el progreso literalmente dejó de lado a la comuna, porque paradójicamente la estación de ferrocarril que les traería la modernidad y el contacto con otras partes del país, les arrebató la comunicación y los aisló.

"La gente del pueblo luchó mucho para que el camino de Candela a Lampazos, Nuevo León, el poblado más cercano, quedara por Valladares, pero decidió el Gobierno que fuera por la Estación de Ferrocarril" y el poblado quedó relegado mientras Candela comenzó a crecer.

La maniobra pudo ser tal vez política y con mala intención, pues por el camino antiguo y que fue descartado, Lampazos está a 10 minutos, mientras que por la nueva ruta queda a casi media hora de distancia. En aquellos años de principios del siglo XX Candela y Valladares pertenecían al estado de Nuevo León.

TAMBIÉN TUVIERON SU MILAGRO

En lo religioso también tuvieron lo suyo, pues años antes de que terminara la guerra de Independencia contra los españoles, apareció un hombre mayor portando una imagen del apóstol Santiago, para ofrecerla al pueblo para que le hicieran una capilla.

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Como los primeros años la población se la pasó en guerra contra los indios, y luego defendiéndose y protegiéndose de los soldados reales y los independentistas, el pueblo no podía construir una iglesia.

El anciano se sentó a descansar a dos cuadras de la plaza del pueblo, mientras los habitantes que lo recibieron fueron a hablar con los principales de la comunidad, pero cuando regresaron la figura religiosa estaba sola, y ya no estaba su portador.

"Era el mismo apóstol Santiago, se apareció como viejito y vino a pedirnos que le construyéramos una capilla", sostuvo sonriendo Élida López. Para reafirmar su dicho, explicó que el Santo Defensor de Jesús se apareció en otros lugares del mismo modo, como un dulce ancianito y devoto de Dios.

Se construyó inicialmente una capilla muy modesta, pues en ese entonces el pueblo aún no alcanzaba su mejor época económica y comercial. Pero uno de los personajes importantes del pueblo, José Ignacio Guajardo, juez de paz y propietario del Valle de Santiago de Valladares, junto con otros vecinos, construyó la iglesia de Santiago Apóstol frente a la plaza principal en 1831, una década después de la Independencia.

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Para su decir, Élida mostró copias de la petición de autorización enviada al "ilustrísimo y dignísimo" señor obispo de Nuevo León, doctor don José María de Jesús Belauseran, para que autorizara la construcción del templo.

En el documento, el juez de paz le solicitó al jerarca católico la asignación de un sacerdote para los menesteres religiosos del templo dedicado al apóstol Santiago.

Élida expresa con orgullo que la pequeña iglesia dedicada a Santiago Apóstol, que este 2019 cumple 188 años, es la más antigua de Coahuila, pues la catedral de Saltillo fue construida en 1891 cuando se creó la diócesis en la capital del estado, 60 años después.

/media/top5/921161jpeg.jpeg COMIENZA LA MIGRACIÓN

En la primera mitad del siglo XX los habitantes del pueblo, convertido en ejido, comenzaron a migrar a otras partes del país o a Estados Unidos, ante la falta de oportunidades para mejorar su calidad de vida.

Marcos Amador Garza González, alcalde de Candela, lo resume de este modo: "Estaban prácticamente aislados a siete kilómetros de la cabecera municipal por un camino de terracería y a otro tanto de Lampazos por otra brecha similar, mientras el comercio y el futuro les sacaba la vuelta por la carretera, y el Gobierno los tenía olvidados como a nosotros".

Dejaron sus casas, sus tierras, malbarataron las cosechas de sus parcelas, sus cabezas de ganado y se fueron... Algunos a Candela, otros a Lampazos, otros más a Monterrey y sus municipios conurbados, o a Nuevo Laredo en Tamaulipas, y quienes pudieron brincaron a Laredo, Texas y a comunidades del valle americano. Los menos se fueron a Monclova, Saltillo u otras ciudades de México.

Muchos lograron crecer económicamente e hicieron pequeñas fortunas, otros obtuvieron una mejor calidad de vida con empleos bien remunerados y con eso se conformaron, "pero todos siempre regresan" a su tierra, y lo hacen para celebrar las fiestas de Santiago Apóstol, a quien le modificaron su nombre por el de "Santo Santiago de Valladares", expuso Garza González.

El sol caía a plomo, eran la una y media de la tarde, y la enorme plaza principal, recién arreglada y embellecida estaba vacía... Pero no por mucho tiempo. Los días 26, 27 y 28 de julio vistió sus mejores galas y recibió a más de tres mil visitantes valladarenses, sus hijos y sus nietos, que vinieron como cada año a rendir tributo a su santo patrono y a la tierra de sus raíces.

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El pueblo hoy tiene apenas 15 habitantes, pero no se deje engañar, está creciendo; hace unos años apenas eran siete, pero algunos adultos mayores nacidos allí y migrados a otras ciudades ya regresaron, están jubilados y volvieron a su patria chica.

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Las tierras de cultivo nuevamente son trabajadas, aunque sus dueños no necesariamente vivan en el pueblo, y los hatos de ganado caprino resurgieron. El día 27 de julio celebró su Primer Festival del Cabrito, para degustar y compartir la fritada con pan de maíz, un platillo típico que desde hace años exportaron a Monterrey, sostuvo Jorge Sanmiguel, director de Turismo de Candela.

El sabor de la leche de cabra y sus derivados, así como de la carne del cabrito, son únicos, porque los minerales que existen en esta parte del estado nutren el zacate y las plantas con las que los rumiantes se alimentan, y les dejan un "toque" especial que no se encuentra en otras partes del país, explicó Sanmiguel, quien dijo que es por eso que de la capital de Nuevo León viajen de los más importantes restaurantes a Candela, a comprarles los pies de cría.

Valladares es una comunidad que tiene más construcciones que habitantes, muchas casas en ruinas, otras en remodelación y algunas habitadas; pero es la tierra que 10 familias españolas decidieron convertir en su hogar hace 300 años, y sus descendientes cada mes de julio regresan a festejarla.

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