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EDITORIAL

Construir futuros para La Laguna

ÉDGAR SALINAS
martes 15 de octubre 2019, actualizada 7:21 am


De cuando en cuando se presentan escenarios de crisis en la Comarca Lagunera que provocan discusiones más o menos organizadas en relación con los ajustes necesarios que la estructura socioeconómica regional debe tener en función de los desafíos que le imponen tanto sus límites endógenos como las dinámicas externas.

Mencionaré algunos de esos escenarios comenzando con el de la década de los treinta. Había que encontrar una salida práctica a la promesa de la Revolución para el campo. El reparto de tierras, que impactó tanto a ejidatarios como a pequeños propietarios concretó un compromiso, pero no necesariamente resolvió una situación. Hubo años en los que se dio en el campo lagunero eso que narró Juan Rulfo en su cuento "Nos han dado la tierra", dado que el agua disponible era menor a la extensión repartida. La presa fue la solución inmediata, pero pronto el colapso de la demanda internacional de algodón y el surgimiento de nuevos tejidos hicieron evidente que la generación de bienes y de crecimiento es mucho más complejo que la sola combinación de dos factores de capital. Hacía falta refaccionamiento, tecnología y productividad para seguir creciendo en el nuevo entorno.

A finales de los años cuarenta se dio otro momento semejante y la discusión se propagó. Algo debía hacerse para que la economía regional no colapsara como estaba ocurriendo con el cultivo del algodón. La oportunidad se encontró en la producción lechera. El blanco sólido se convirtió en el blanco del alimento. Las tierras viraron su vocación de cultivo, pero no de función. Si en su momento proveían de materia prima para la fábrica de tejidos y luego de ropa, la nueva circunstancia las llevó a producir la materia prima de la alimentación del ganado lechero.

Pero si en el algodón la competencia internacional y las innovaciones exigían capacidades que aquí no se tuvieron, en el caso de la leche las condiciones fueron distintas: la innovación y la calidad en ese sector la lideró La Laguna. De todo México volvieron su mirada hacia la región dada su productividad y calidad. Por su naturaleza, esa actividad exige una alta productividad para mantenerse. De ahí que, pese a que el campo encontró un destinatario de su actividad, fue insuficiente, y se recordará, se promovió la colonización en el sureste con gente de La Laguna tratando con ello de resolver dos necesidades a la vez.

Otro momento se dio en la década de los setenta. Y allí la salida la dio la que hasta ahora ha sido fuerza tractora de la economía regional: la manufactura. Fue un sector que creció mucho en esa década, de allí que en esos diez años la población en la región creciera impulsada por las familias que llegaron movidas por la nueva actividad. La metalmecánica y la industria alimentaria se consolidaron.

Sin embargo, otra vez la población y las necesidades no satisfechas obligaron a buscar nuevas respuestas. Las circunstancias colocaron como ventana de oportunidad al boom maquilero en el país. Y si bien fue una respuesta de corto plazo, la naturaleza de la actividad prefiguraba lo efímero de ella. Como ocurrió.

El nuevo milenio, ya con casi veinte años en su espalda, ha mantenido la pregunta por nuevos caminos y un futuro promisorio aún sin respuesta. En buena medida hubo un paréntesis en el que resultó imposible dar respuesta porque la urgencia estaba en superar la pesadilla de la inseguridad y violencia. Pero superados esos niveles, otra vez la cuestión ronda toda mesa de café, tanto de los doctos en ocurrencias como de los no menos doctos en petates del muerto y balazos en el pie como argumentos centrales y propuestas principales.

Pero también hay quien se lo toma con la gravedad y responsabilidad del caso. Y que no improvisa ni su palabra ni su compromiso. Los hay en la sociedad civil en un puñado de organizaciones que se exigen seriedad y se respetan a sí mismos tratando de sustentar lo que dicen y fundamentar lo que proponen. También los hay en espacios de gobierno e instituciones públicas como el Implan Torreón que se ha ganado respeto porque no juega a la especulación que gane titulares en medios o minutos en radio.

Estamos, una vez más, en un momento de construcción. Y el futuro regional que se impulse deberá ser sostenible en su forma y su fondo, o pasado mañana volveremos a la misma discusión. Ojalá que la responsabilidad se asuma, la honestidad prevalezca, y las ocurrencias y mentiras, sean tomadas como ocurrencias y mentiras.

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