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EDITORIAL

Requerimos una mejor conectividad aérea internacional

EMBAJADOR JORGE ÁLVAREZ FUENTES
miércoles 16 de octubre 2019, actualizada 7:24 am


Turkish Airlines acaba de llegar con dos vuelos directos entre Estambul, México y Cancún y es inminente el arribo de Emirates Airlines con la ruta Dubái - Barcelona - México. Ello, a pesar de los reclamos y recursos legales interpuestos por Aeroméxico y la polémica generada en la industria, los medios de comunicación y el Poder Legislativo, por lo que conviene poner estos avances en contexto, dada la actual recomposición de la industria de la aviación en el mundo. El asunto es importante: atañe, ni más ni menos, que al presente y futuro de la conectividad aérea de México con el mundo. Tras la quiebra de Mexicana de Aviación y su desastrosa salida del mercado en 2010 (cuando llegó a controlar el 60% de los vuelos internacionales), las empresas nacionales de aviación perdieron terreno en los mercados internacionales, por a falta de capitales, y, sobre todo, de aviones y se volcaron a atender la demanda de las rutas nacionales. Aerolíneas estadounidenses y algunas otras extranjeras, con mayor inversión, capacidad de flota y visión de negocios, se quedaron con las mejores rutas hasta dominar hoy la conectividad internacional.

Por décadas, los gobiernos mexicanos promovieron y negociaron, con acierto, convenios bilaterales de servicios aéreos, a fin de lograr la necesaria ampliación y diversificación del transporte internacional de pasajeros y mercancías. Se tienen 53 acuerdos bilaterales vigentes, habiendo convenios bilaterales de servicios aéreos, por supuesto, con Estados Unidos y Canadá, pero también con 7 países de Centroamérica y el Caribe; con 10 países de Sudamérica, así como 16 con países europeos, incluida Turquía, y 17 con países de Asia y otras regiones, estando Emiratos Árabes, Kuwait y Qatar, entre los árabes.

Los amparos indirectos interpuestos por Aeroméxico para impedir las operaciones de Emirates, se basan en la presunción de que la empresa emiratí recibe subsidios de su gobierno, en la supuesta invalidez del acuerdo bilateral o en que el otorgamiento de los horarios (slots) en el AICM fue indebido. Estos recursos legales no han sorprendido a nadie, máxime, si se tiene presente que Delta Airlines, la poderosa empresa aérea estadounidense controla el 49% del paquete accionario de la principal línea aérea mexicana. Aquellos buscan proteger los intereses de ambas empresas. Por ello, resulta sorprendente e incongruente que la senadora Blanca Estela Piña Gudiño (Morena), haya promovido, la semana pasada, un punto de Acuerdo en el Senado exhortando a la SCT a no otorgar el permiso final de operación que la aerolínea árabe requiere para iniciar operaciones el 9 de diciembre. En él, brilla por su ausencia cualquier referencia al interés nacional, respecto de los viajeros mexicanos. El punto de acuerdo repite, sin fundamento, que tanto el convenio bilateral (ratificado por el propio Senado), como el memorándum de entendimiento, - mediante el cual España otorgó la quinta libertad, esto es, el derecho para embarcar y desembarcar pasajeros en Barcelona-, "se dieron fuera de las normas institucionales". Por su parte, la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores (ASPA) no tardó en hacer eco del exhorto, indicando que el acuerdo bilateral incumple con el principio de reciprocidad efectiva que estipula la Ley de Aviación Civil y declarando que las operaciones de Emirates podrían "afectar" a los trabajadores mexicanos de la industria. Todo indica que prevaleció la eficaz labor de los cabilderos de Aeroméxico en el Senado y las aprensiones en la ASPA, antes que la debida consideración y trabajo coordinado entre los poderes respecto del interés nacional. El titular de la SCT ha declarado que Emirates no tiene impedimento legal para operar en México; que los funcionarios que firmaron durante el gobierno anterior el convenio y el memorándum estaban debidamente facultados para ello, por lo que esa dependencia procederá, en efecto, a otorgar el permiso, estando atenta a las resoluciones judiciales.

La llegada a México de Emirates y de otras aerolíneas internacionales, procedentes de otras regiones, constituye un avance y no un retroceso para modernizar el mercado aéreo mexicano, que permita una mejor conectividad aérea internacional como la que requiere el crecimiento del país. Demos la bienvenida a la indispensable competencia económica, con mejores servicios y tarifas, que incentiven el turismo, las inversiones y nuevas oportunidades de negocios. Además, México debe sacar el mayor provecho del memorándum de entendimiento para la supresión de visas para portadores de pasaportes ordinarios de México y Emiratos Árabes, negociado entre ambos gobiernos y que entró en vigor en 2018. La industria de la aviación registra profundas transformaciones en el mundo. Estambul o Dubái son ya centros neurálgicos en las comunicaciones aéreas globales. Simplemente, consideremos que, sin los vuelos de carga de Qatar Airways a México, las agroexportaciones mexicanas no habrían tenido éxito ni lograr un crecimiento sostenido en otros mercados.

Si queremos que fructifiquen las múltiples oportunidades que México y los mexicanos tenemos en el mundo, hay que ir más allá de los intereses creados, aprovechar cabalmente los acuerdos de servicios aéreos y hacer que las empresas de aviación, tanto nacionales como internacionales, compitan y proporcionen más y mejores servicios, con tarifas acordes con los mercados internacionales, reforzando los convenios de cooperación entre líneas aéreas y aprovechando mejor los esquemas de vuelos con código compartido. Dejemos atrás las posturas y actitudes pretendidamente nacionalistas que le apuestan al status quo y que consideran, de manera equivocada, que, para volar desde México a cualquier destino en el mundo, no hay de otra, más que quedarnos como estamos.

@JAlvarezFuentes
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