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EDITORIAL

Aristocracia sindical

Jaque mate

SERGIO SARMIENTO
viernes 18 de octubre 2019, actualizada 7:40 am


La fortuna personal de Carlos Romero Deschamps es muy conocida. Se le atribuye la propiedad de un yate y también de dos apartamentos de lujo en Miami, Estados Unidos, por los que se reportó que pagó 7.5 millones de dólares. Su hija presumía en Facebook sus viajes a Europa acompañada de sus perros en aviones privados. El propio exlíder ha sido fotografiado con un reloj Audemars Piguet que podría tener un costo de hasta 200 mil dólares. No es ciertamente el perfil de un líder obrero honesto y austero.

En el desplegado que dio a conocer tras su renuncia, Romero Deschamps afirmó que trabaja en Pemex desde 1959, cuando tenía 14 años, y que lo hizo como "peón, ayudante, obrero, chofer, albañil y múltiples actividades más", antes de alcanzar "la máxima representación de nuestra Organización con el respaldo de todas las Secciones que la integran". Justificó su renuncia por un recrudecimiento de "la antigua posición de vernos como contrarios y no como complemento en la tarea de respaldar a Pemex en su compromiso histórico de ser garantía del desarrollo nacional".

Queda claro que el presidente Andrés Manuel López Obrador no es afín a Romero Deschamps, quien ha sido miembro del PRI desde que era muy joven. El mandatario afirma que no se le han congelado las cuentas bancarias, pero sí ha reconocido que se han iniciado investigaciones en su contra por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero.

La salida de Romero Deschamps no significa que su grupo ha perdido el control del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, el STPRM. Por lo pronto ha dejado como encargado a Manuel Limón, un colaborador cercano desde hace años.

Desde los inicios del sindicalismo en México, los líderes han podido seleccionar los métodos de renovación de cargos de mando para favorecerse a sí mismos. Esto se ha traducido en la permanencia de dirigentes durante décadas, como ha sido el caso de Romero Deschamps, pero también de muchos otros, como Francisco Hernández Juárez, quien asumió la secretaría general del Sindicato de Telefonistas en 1976 tras una campaña en contra de la reelección, solo para quedarse en el cargo desde entonces.

Las reglas del juego, sin embargo, han cambiado de manera radical en este 2019. El presidente López Obrador impulsó una reforma a la legislación laboral que obliga a los sindicatos a tener elecciones internas con sufragio secreto. Los líderes tendrán que contar con un respaldo real de los trabajadores. Supongo que los líderes recurrirán a las viejas prácticas electorales, como la presión a los trabajadores, la compra de votos o el acarreo, pero por lo menos ya no tendrán asegurada la reelección. La nueva legislación también permitirá el surgimiento de múltiples sindicatos en una empresa, por lo que probablemente veremos la fragmentación de las organizaciones sindicales monopólicas como el STPRM.

La renuncia de Romero Deschamps marca el fin de una época. El verdadero cambio, sin embargo, viene ahora como consecuencia de la reforma laboral que estableció reglas que deberían ayudar a construir una real democracia sindical. Es una de las reformas más positivas del actual gobierno, hay que reconocerlo. Quizá con el tiempo hará que desaparezcan en México esas aristocracias sindicales que tanto daño han hecho.

CENSURA

México está a punto de unirse al pequeño grupo de países, como China y Corea del norte, que censuran el internet. En la miscelánea fiscal del 2020 se está proponiendo bloquear las plataformas o aplicaciones que no se registren en México para el pago de impuestos. Millones de pequeños y medianos servicios internacionales que no tienen forma de tener una presencia fiscal en México serían censurados.

Twitter: @SergioSarmiento
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