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EDITORIAL

Sí intervención

Jaque mate

SERGIO SARMIENTO
miércoles 13 de noviembre 2019, actualizada 7:32 am


"La política exterior, como un río, no se puede elevar por encima de su cauce".— Adlai Stevenson

Nos dicen nuestros políticos que el asilo a Evo Morales es producto de la tradición mexicana de no intervención en los asuntos de otros países. Yo tengo otros datos. Este y otros principios siempre se han aplicado de manera discrecional. Nuestra política real es la "sí intervención" cuando conviene a la ideología.

El artículo 89 de la Constitución concede al presidente la dirección de la política exterior, pero sobre la base de "principios normativos" que incluyen "la autodeterminación de los pueblos; la no intervención.; el respeto, la protección y la promoción de los derechos humanos".

Es muy difícil, por supuesto, conciliar estos principios tan diversos. La autodeterminación suele contraponerse con el respeto a los derechos humanos. México ha reconocido siempre al gobierno cubano, aun cuando muchos países de América no lo hacían, pero la Cuarta Transformación ha dejado de preocuparse por las violaciones a los derechos humanos de ese régimen. Nuestro país, en cambio, nunca reconoció la dictadura de Augusto Pinochet, lo cual puede entenderse, pero el régimen cubano es una dictadura tan férrea como esa. y ha durado mucho más.

El asilo político, ahora otorgado a Evo, se ha concedido en México desde hace mucho tiempo, pero siempre con consideraciones políticas. Lázaro Cárdenas asiló a los refugiados de la guerra civil española (cosa que siempre he agradecido), pero fue mucho más restrictivo con los judíos que huían de la Alemania nazi. Luis Echeverría acogió a los refugiados chilenos y argentinos, pero no a quienes escapaban de Cuba. Hoy los bolivianos son bienvenidos, pero no los venezolanos. El gobierno mexicano, por otra parte, ha convertido a la Guardia Nacional en una extensión de la Border Patrol estadounidense para detener a los refugiados centroamericanos.

Bienvenido Evo. No coincido con sus ideas políticas, pero el asilo no debe condicionarse a la coincidencia. Supongo que corría riesgo en Bolivia, como muchos bolivianos corrieron riesgos y sufrieron represión durante su gobierno autocrático. Pero es difícil, si no imposible, pensar que este mismo asilo se le concedería a un gobernante que no fuera populista: México aceptaría sin chistar al venezolano Nicolás Maduro, pero no al chileno Sebastián Piñera, a quien el presidente López Obrador ni siquiera quiso recibir en una visita, mientras que sí acogió, y con honores, al dictador cubano Miguel Díaz-Canel.

México no ha sido neutral en política exterior. José López Portillo violó el principio de no intervención al apoyar el movimiento sandinista que derrocó a Anastasio Somoza en 1979. Lo mismo hizo Felipe Calderón en 2009 cuando respaldó a Manuel Zelaya después de que fue destituido por la Suprema Corte de Honduras; contó incluso con el apoyo de Marcelo Ebrard, entonces jefe de gobierno de la Ciudad de México, quien terminó por casarse con Rosalinda Bueso, la entonces embajadora de Zelaya. Tampoco Andrés Manuel López Obrador ha sido respetuoso de la no intervención: respaldó a Nicolás Maduro en Venezuela frente a Juan Guaidó y se apresuró, junto con Maduro y Díaz-Canel, a felicitar a Evo tras una reelección no solo inconstitucional sino fraudulenta.

Me parece correcta la decisión de otorgar asilo a Evo, pero el mismo derecho debería extenderse a los disidentes de las dictaduras de Maduro y Díaz-Canel. Coincido también con el principio de no intervención, pero este gobierno, como muchos anteriores, está aplicando un principio de sí intervención en una serie de casos seleccionados políticamente.

¿REBELIÓN O GOLPE?

"No tenía que llegar a esto -escribe Jim Shultz, quien vivió y trabajó en Bolivia 19 años--, pero nunca confundamos una rebelión popular para defender la democracia con un golpe del ejército".

Twitter: @SergioSarmiento
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