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EDITORIAL

Cuando pase el temblor

ARTURO SARUKHÁN
sábado 04 de abril 2020, actualizada 7:10 am


"Hay décadas en las que no pasa nada; y hay semanas donde pasan las décadas", zanjó Lenin en 1917 después de bajar del tren que lo llevó de Zúrich a San Petersburgo. Hoy hay muchos Gobiernos y mandatarios, incluyendo los nuestros, que seguramente así interpretan las últimas semanas con la brutal y dolorosa crisis de salud pública, social y económica generada por el COVID-19. A las medidas de contención y mitigación que se están instrumentando con variados grados de eficacia y éxito le seguirán forzosamente acciones y estrategias de recuperación. Tampoco cabe duda de que la disrupción que acompañará esos esfuerzos sacará a varios Gobiernos de sus órbitas actuales y cambiará para mal las perspectivas económicas y sociales de muchos de ellos -México incluido- de manera rápida y drástica.

La crisis que se nos viene en México debe poner de relieve, amén del debate apremiante de tantos temas torales para el futuro de nación y del Estado mexicano, que tenemos que encontrar y articular una visión afirmativa de país que zanje divisiones que nos han polarizado desde hace tiempo. Encaramos una emergencia de salud y económica, y confrontarla de manera inmediata y eficaz debe ser prioridad urgente de todos. Pero eso no exime de responsabilidad al Ejecutivo federal; no puede ni debe dilatar más en preparar los mecanismos, procesos y recursos con los que México tendrá que lidiar y aprovechar las etapas posteriores cuando la crisis en materia de salud mengüe. En lugar de sembrar polarización, debe nutrir conexiones.

Al prever y prepararnos ante los escenarios del "día siguiente", es fundamental entender que no podemos seguir pauperizando y degradando la huella internacional de México y que no existen las decisiones sin costo. Para detonar y recuperar inversiones y flujos de turismo y mitigar percepciones -las consideremos justas o no- que hoy prevalecen en el extranjero y medios internacionales sobre las acciones que México ha tomado hasta el momento, vamos a requerir: a) de todo nuestro capital y andamiaje diplomático y sus 157 misiones en el extranjero, y que hoy han sido columna vertebral de los esfuerzos loables de la cancillería por repatriar a mexicanos de todo el mundo; b) de nuestra presencia y liderazgo internacionales en organizaciones a las que pertenecemos para poner en marcha medidas de colaboración y mitigación en materia de salud pública y económica (por ello es muy relevante que el presidente López Obrador haya participado por primera vez en interactuar con sus homólogos del G-20 en una reunión cumbre); y c) rescatar mecanismos y dependencias federales de promoción en el extranjero (ProMéxico y el Consejo de Promoción Turística) que fueron eliminadas y que resultaron claves en nuestra recuperación pos-H1N1. Como pocas veces en el pasado, México va a tener que salir al mundo a promoverse y a subrayar que los países tendremos que cooperar globalmente para resolver localmente. Habrá que trabajar con nuestra comunidad diáspora sobre todo para mitigar el impacto de la caída en remesas; combatir de manera frontal el chovinismo y la demagogia xenófoba que se están haciendo presentes en el mundo; y subrayar que nuestras naciones no pueden ensimismarse ante la imperiosa necesidad de cooperar y prevenir que el nacionalismo balín descarrile aún más los vínculos globales que nos unen y a las sociedades abiertas de las que dependemos todos, o casi todos.

El astronauta Buzz Aldrin alguna vez dijo que la mente es como un paracaídas; si no está abierta no funciona. Hay que aprovechar la memoria muscular que tiene el Estado mexicano para enfrentar lo inmediato y los retos que están a la vuelta de la esquina. La crisis que se avecina tiene que propiciar una reevaluación de la importancia de contar con expertos, con capacidades acumuladas del Estado, de los datos duros y las decisiones basadas en y determinadas por evidencia y la ciencia. Nuestro futuro no está predeterminado; es el resultado de las acciones y decisiones que tomemos hoy juntos.

Twitter: @Arturo_Sarukhan

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