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México

La ciencia de rastrear a un enemigo invisible

La observación de los contactos de una persona infectada se mantiene como una herramienta indispensable

AGENCIAS
martes 30 de junio 2020, actualizada 7:26 am

A principios del siglo XX Mary Mallon consiguió su primer trabajo como cocinera. La migrante irlandesa se colocó en la casa de una familia adinerada en Long Island, donde empezaron a registrarse varios casos de fiebre tifoidea, enfermedad que hasta entonces solo había aparecido en los barrios populares. Los brotes se siguieron presentando en los lugares donde trabajaba Mary, así que la respuesta al enigma, literalmente, parecía vivir en ella. La mujer fue obligada a hacerse pruebas que la descubrieron como una portadora asintomática de quien se sospecha surgieron más de mil contagios.

El caso de Mary se resguardó en la historia de los brotes epidemiológicos gracias a George Sober, quien se encargó de seguir a la irlandesa y publicó los resultados de su investigación el 15 de junio de 1907, en la Revista de la Asociación Médica Estadounidense (JAMA). La inmunización contra Salmonella typhi no se desarrolló hasta 1911 y el tratamiento con antibióticos no estuvo disponible hasta 1948; por lo tanto, personajes como Mary se convirtieron en peligrosas, pero indispensables piezas para entender el rompecabezas de una epidemia.

La observación de los contactos de una persona infectada se mantiene como una herramienta indispensable para seguirle la pista a un virus a través de sus portadores e intentar cortar la cadena de transmisión.

El proceso denominado "rastreo de los contactos" se divide en tres etapas básicas según la OMS. Una vez confirmado que alguien está infectado por un virus, la primera parte consiste en identificar los contactos rastreando las actividades del paciente y de aquellos que le han rodeado desde el inicio de la enfermedad, e incluso, días previos.

La siguiente parte se basa en la elaboración de una lista de contactos para informar a las personas que la integran que fueron clasificadas para recibir una atención precoz. A los contactos de alto riesgo se les debe informar sobre la necesidad de cuarentena. Finalmente, se debe efectuar un seguimiento regular de todos para detectar sintomatología.

UN MUNDO DE DIFERENCIAS

La capacidad de los gobiernos para establecer estrategias de rastreo de contactos es tan variada como la fortaleza de sus sistemas de salud pública, el plan de estrategias para abordar la pandemia, y el número de personas con diversas características sociales, culturales y económicas que integran las diferentes poblaciones.

Hace poco más de un mes, la Escuela Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, considerada la más grande institución educativa de salud pública en el mundo, realizó un anuncio que inmediatamente captó numerosas solicitudes. Presentó un nuevo programa para capacitar a los rastreadores de contactos sobre los principios de la estrategia de salud pública que muchos consideran críticos para frenar la propagación de COVID-19. Antes de que estallara la pandemia, los departamentos de salud estatales y locales de EUA tenían alrededor de dos mil trabajadores haciendo seguimiento de contactos. Ahora se estima que se necesita un ejército de entre 100 y 300 mil personas para lograr los objetivos.

La Escuela Bloomberg ofrece un curso gratuito de seis horas. Su aprobación es un requisito para que miles de rastreadores de contactos sean contratados para combatir la pandemia. A las pocas horas de que se anunció su apertura, más de 400 personas ya se habían inscrito. Hoy hay 28 mil rastreadores de contactos trabajando en EUA donde se reportan 2.3 millones de infecciones que parecen estar aún lejos de ser controladas. Para la tercera semana de junio se sumaban en este país 20% de los nuevos casos registrados en el mundo.

EL RETO ES MAYÚSCULO

Los especialistas están conscientes de que un virus respiratorio como el SARS-CoV-2 es mucho más difícil de rastrear que, por ejemplo, una infección de transmisión sexual, pues aunque para la gente podría parecer más intimidatorio hablar de su vida sexual, al final es más sencillo hallar la fuente de contagio; mientras que en el COVID-19 es mucho más desafiante saber cómo y cuándo sucedió.

Además del capital humano, la tecnología puede ser útil en esta labor. Apple y Google rediseñaron en conjunto las funciones bluetooth de los teléfonos inteligentes para generar un software que pueda rastrear de manera anónima a las personas con las que hay contacto cercano para tratar de agilizar las notificaciones en caso de confirmaciones de contagio. La propuesta es que cada gobierno pueda disponer del software, pero realice una aplicación específica según sus lineamientos en salud pública.

En México las tareas de rastreo de contacto aún se muestran tibias y sin el rigor federal. Los últimos datos publicados por la Agencia Digital de Innovación Pública del Gobierno de la CDMX señalaban que hasta el 22 de junio se habían contactado 6 mil 632 personas con un resultado positivo de COVID-19 y a partir de ellas se habían buscado a mil 743 personas con las que tuvieron contacto desde tres días antes de haber presentado síntomas, identificando 103 casos positivos entre esos contactos. Se consigna que el trabajo cuenta con la participación de cinco mil servidores públicos.

Controles

El proceso denominado "rastreo de los contactos" se divide en tres etapas básicas según la OMS:

*Una vez confirmado que alguien está infectado por un virus, la primera parte consiste en identificar los contactos rastreando las actividades del paciente y de aquellos que le han rodeado desde el inicio de la enfermedad, e incluso días previos.

*La siguiente parte se basa en la elaboración de una lista de contactos para informar a las personas que la integran que fueron clasificadas para recibir una atención precoz.

*Finalmente, se debe efectuar un seguimiento regular de todos para detectar sintomatología.

*La capacidad de los Gobiernos para establecer estrategias de rastreo de contactos es tan variada como la fortaleza de sus sistemas de salud pública.

*Los especialistas están conscientes de que un virus respiratorio como el caso del SARS-CoV-2 es mucho más difícil de rastrear.

*En México las tareas de rastreo de contacto aún se muestran tibias y sin el rigor federal.

*Los últimos datos publicados por la Agencia Digital de Innovación Pública del Gobierno de la Ciudad de México señalaban que hasta el 22 de junio se habían contactado 6 mil 632 personas con un resultado positivo de COVID-19, y a partir de ellas se habían buscado a mil 743 personas con las que tuvieron contacto desde tres días antes de haber presentado síntomas.

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