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EDITORIAL

México en el Consejo de Seguridad de la ONU

JUAN RAMÓN DE LA FUENTE Y ENRIQUE OCHOA MARTÍNEZ
martes 07 de julio 2020, actualizada 8:02 am


El pasado 17 de junio de 2020, México fue electo con 187 votos (de 192 posibles) para para formar parte del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas durante el periodo 2021-2022. La candidatura de México contó con el respaldo de todos los países de América Latina y el Caribe. Un año antes, el 27 junio de 2019, los 33 países de la región, sin excepción, acordaron avalar nuestra candidatura. Generar dicho consenso no fue un asunto sencillo. La nuestra es una región en la que, por diversas razones, tiende a prevalecer la polarización y la división política. Habría bastado con que un solo país se hubiera opuesto, para impedir el apoyo en bloque, lo cual habría complicado la elección. Así ocurrió en 2001: México no logró ser electo en la primera ronda, pues no alcanzó siquiera las 2/3 partes de los votos requeridos. Tuvo que irse a una segunda ronda en la que solo juntó 138 votos, suficientes, aunque muy por debajo de Guinea, Camerún y Siria. En esta ocasión, México ingresará al Consejo de Seguridad con la votación más alta, junto con la India, Noruega, Irlanda y Kenia.

El mundo ha experimentado importantes transformaciones desde la última vez que México formó parte del Consejo de Seguridad. Es muy probable que la dinámica del Consejo esté ahora marcada también por las consecuencias y los retos derivados de la pandemia de COVID-19, con múltiples implicaciones en la compleja trama de situaciones recurrentes e inéditas. Entre las primeras se encuentran el programa nuclear iraní, la volatilidad en la península de Corea, la tensa relación Israel-Palestina y la situación en Siria, considerada por muchos como el conflicto más grave en lo que va del Siglo XXI. Basta con recordar que en su territorio coexisten fuerzas armadas de cinco países: Siria, Rusia, Turquía, Estados Unidos e Israel. La incertidumbre en Afganistán aún prevalece: surge un nuevo gobierno al tiempo que Estados Unidos negociaba un acuerdo con el Talibán. Por su parte, en Myanmar, las dimensiones de la crisis humanitaria alcanzaron ya a la Corte Internacional de Justicia y a la Corte Penal Internacional. Casi todos los conflictos derivados de la Primavera Árabe tienen en común el enfrentamiento indirecto de diversos actores regionales y suprarregionales. En Yemen, donde hay 10 millones de personas en riesgo de padecer hambruna, se reflejan las tensiones geopolíticas entre Arabia Saudita, los Emiratos Árabes e Irán. En la guerra de Libia, Rusia y Turquía apoyan a bandos opuestos.

Pero son los temas africanos los que más ocupan la agenda del Consejo de Seguridad. En la República Democrática del Congo hay grupos armados. En Somalia, hay una fuerte presencia del grupo terrorista Al Shabaab, que controla una parte significativa de su territorio. En Mali, un país que hasta hace no mucho tiempo era considerado un ejemplo de estabilidad democrática, la situación se ha deteriorado por la presencia de grupos terroristas que amenazan continuamente a la población civil. La precaria seguridad en los países del "G5-Sahel" (Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania y Níger) los ha llevado a establecer una fuerza conjunta para hacer frente a la amenaza terrorista, en tanto que varios países europeos también participan con operativos militares y de inteligencia en la región. Sudán del Sur, un país que se constituyó apenas en 2011, mantiene tensiones fronterizas con Sudán, en una zona rica en hidrocarburos. Recientemente México estableció relaciones diplomáticas con la República Centroafricana, país que enfrenta una situación extraordinaria: la presencia de al menos catorce grupos armados que controlan buena parte del territorio.

Los temas latinoamericanos en la agenda del Consejo de Seguridad incluyen: Haití, que sigue enfrentando serios retos en materia de gobernabilidad; Colombia, en donde hay una operación política especial de la ONU que se estableció después de la firma del acuerdo de paz de 2016, y Venezuela, situación en la que México favorece, en apego a nuestra Constitución y al Derecho Internacional, una salida pacífica, política y negociada ante las divisiones existentes en la sociedad venezolana.

Las diferencias entre los cinco miembros permanentes del Consejo han sido una constante. En los años recientes se han acentuado las diferencias de tres de ellos (Estados Unidos, Francia y el Reino Unido) frente a China y Rusia. Se percibe ahora a estos dos países con posiciones más firmes. Las diferencias entre China y Estados Unidos son cada vez más profundas, no solo en temas como Corea del Norte o Myanmar, sino también en el plano más abierto de una guerra comercial. Las tensiones en torno a la crisis por el COVID-19 son un claro reflejo de ello. Lo anterior impidió que, por meses, el Consejo de Seguridad se pronunciara sobre la pandemia y apoyara el llamado del Secretario General para un cese al fuego mundial. Estados Unidos y el Reino Unido buscan llamar la atención del Consejo sobre el tema de Hong Kong, mientras que China lo considera estrictamente de carácter interno.

Las diferencias entre Estados Unidos y Rusia han aumentado a raíz del conflicto en Crimea y por los intereses disímbolos que sostienen en muy diversas regiones: Siria, Venezuela o la provincia de Kosovo, por mencionar algunas. El resultado de las elecciones presidenciales en Estados Unidos en noviembre de 2020 será otro elemento que podrá cambiar sustancialmente, o no, la actuación y la incidencia de ese país en la agenda del Consejo de Seguridad durante los próximos 2 años. México se encontrará también con un Reino Unido post brexit y una Francia con menos miembros de la Unión Europea en la mesa del Consejo.

Finalmente, nuestra participación en el Consejo coincidirá, una vez más, con Vietnam en 2021, y probablemente con Brasil en 2022, tal y como sucedió en 2010.

México actuará en el Consejo de Seguridad, con total apego a los principios constitucionales de política exterior, defenderá el cumplimiento irrestricto de la Carta de las Naciones Unidas, del Derecho Internacional, del Derecho Internacional Humanitario y del Derecho Internacional de los Derechos Humanos. Nuestro gobierno, que ha asumido el compromiso con una política exterior feminista, abogará porque los temas del Consejo de Seguridad sean considerados con un enfoque de género, velará por los intereses de los grupos en mayor situación de vulnerabilidad y buscará siempre la solución pacífica de las controversias. México mantendrá posiciones congruentes con su tradición en materia de desarme y en favor de un mundo libre de armas nucleares, químicas y biológicas. Al mismo tiempo, promoverá el control estricto del flujo de las armas pequeñas y ligeras, que son los instrumentos que nutren la violencia y la muerte en muchas regiones del mundo, incluida la nuestra.

Esta ha sido la primera vez en la historia, que México es electo de manera simultánea tanto en el Consejo de Seguridad como en el Consejo Económico y Social. Doble reconocimiento. Esto nos dará la oportunidad de incidir en las grandes agendas de la ONU: paz, seguridad, y desarrollo sostenible.

Al agradecer a los países del mundo, el contundente apoyo que le brindaron a México en estas elecciones, el presidente López Obrador reiteró el compromiso de su gobierno con los conceptos fundamentales que esgrimiera en su momento el presidente Roosevelt, y que fueron decisivos en la fundación de las Naciones Unidas hace 75 años: que toda persona, en cualquier parte del mundo, tenga derecho a la libertad de palabra, a la libertad de culto, a vivir libre de miedos y a vivir libre de miserias.

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