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Abdelaziz Bouteflika, expresidente de Argelia, muere a los 84 años de edad

Fue una de las figuras árabes más importantes y controvertidas de la segunda mitad del siglo XX

EFE
viernes 17 de septiembre 2021, actualizada 10:35 pm

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El expresidente argelino Abdelaziz Bouteflika, muerto hoy a la edad de 84 años tras un larga enfermedad, fue una de las figuras árabes más importantes y controvertidas de la segunda mitad del siglo XX, un época marcada por la guerra, el terrorismo, la lucha contra el yihadismo y el auge de la causa palestina.

 

En casi todos ellos emergió el rostro intrigante de Bouteflika, un hombre con una habilidad innata para cabildear en los pasillos del poder, capaz de ser nombrado ministro a la edad de 25 años, negociar con terroristas en uno de los secuestros internacionales más impactantes de la historia y de retirarse e intrigar en las sombras de la cruenta guerra civil argelina para emerger como el gran pacificador, salvador de una patria anegada en sangre.

 

Nacido el 2 de marzo de 1937 en la ciudad marroquí de Oudja, Bouteflika se unió muy joven a la revolución contra la ocupación francesa y dirigió el país entre 1999 y 2019, año en el que se vio forzado a abandonar el poder a causa de las multitudinarias manifestaciones populares en su contra y la presión del Ejército.

 

Hijo de Ahmed Bouteflika y Mansouriah Ghezlaoui, creció en Marruecos junto a sus cinco hermanos y desde allí se unió, a la edad de 19 años, al llamado Ejército de Liberación Nacional (ALN), brazo armado y clandestino del Frente de Liberación Nacional (FLN), tras militar en una célula del partido marroquí Al Istiqal.

 

Inteligente y taimado, en 1958 se unió al círculo del líder independentista y después segundo presidente de la Argelia independiente, Houari Boumediene.

 

Como su secretario personal, ascendió con celeridad en la jerarquía del FLN: en 1962, con apenas 25 años, fue designado ministro de Juventud, Deportes y Turismo en el primer Ejecutivo independiente, dirigido por Ahmed Ben Bella, y miembro de la Asamblea Constituyente por la región de Tlemecen, en la costa oeste del país.

 

EL ROSTRO DE LA ARGELIA INDEPENDIENTE

 

Tres años después, su intrigante sagacidad fue fundamental en el pulso por el poder que mantuvieron el presidente y su mentor, quien dio un golpe de estado y convirtió a Bouteflika en el rostro de la nueva Argelia.

 

Como ministro de Exteriores, estuvo presente en todas las crisis vividas en la década de los pasados años setenta, en la que Argelia fue un miembro muy activo en el Movimiento de los Países Alineados.

 

Y en el que se convirtió en uno de los mayores defensores de la causa palestina, acogiendo en sus territorio a grupos calificados de terroristas y mediando en secuestros internacionales.

 

Su papel fue esencial en la liberación de los ministros de Energía de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) capturados durante una reunión celebrada en Viena por un grupo armado liderado por Ilich Ramirez Sánchez, más conocido como "Carlos el Chacal".

 

El terrorista logró que se le concediera un avión DC-9, de Austrian Airlines, con el que voló a Argel, donde se entrevistó con Bouteflika, quien le convenció de que liberara a los rehenes.

 

LOS AÑOS OSCUROS

 

La liberación de los secuestrados catapultó la imagen internacional y el prestigio nacional de Bouteflika, pero no fue suficiente para reducir las reticencias de la casta militar y lograr la sucesión de Boumediane, algo que consideraba que le correspondía.

 

En 1979, fue elegido presidente el general Chadli Bendjedid, otro de los héroes de la guerra de independencia (1957-1962) y Bouteflika comenzó a perder poder e influencia hasta llegar a ser marginado y acusado de desviar decenas de millones de dólares del presupuesto asignado a las diversas embajadas.

 

Investigado, se exilió durante seis años para regresar al país en 1987 y sumarse a un grupo de personalidades nacionales que tras la brutal represión de las protestas en Argel firmaron un manifiesto en favor de la democracia y a las reformas políticas.

 

Instalado en el núcleo duro del estado, atravesó de forma discreta los primeros años de la cruenta guerra civil entre el Ejército y los grupos islamistas radicales, que causó miles de muertos y más de 300,000 desaparecidos y que convirtió a Argelia en el país más peligroso de la década de los noventa.

 

ELECCIONES CONTROVERTIDAS

 

En 1999, y en pleno auge de los atentados a extranjeros y de las masacres en distintos lugares del país, Bouteflika logró la aspirada presidencia tras la renuncia del presidente Liamine Zerual gracias al apoyo del FLN y de las fuerzas de Seguridad, pese a presentarse a la elección como independiente.

 

Tras su apabullante victoria en las urnas, oficializó la tregua establecida por el Ejército Islámico de Salvación y ofreció un proceso de diálogo y reconciliación nacional que logró al fin del derramamiento de sangre el 6 de junio de 1999.

 

Conocido desde entonces como el pacificador, logró la reelección en tres ocasiones, tras enmendar la Constitución y entre denuncias de fraude electoral.

 

Incluida la victoria en los comicios de 2014, que logró pese a sufrir un ictus meses antes y no participar en la campaña electoral.

 

Desde entonces, sus apariciones públicas se redujeron y nunca más se dirigió a la nación de viva voz, alimentando las sospechas sobre su verdadero estado de salud y sobre quien dirigía en realidad la nación.

 

En febrero de 2019, el anunció por parte del círculo de poder de que optaría a un quinto mandato consecutivo pese a su evidente deterioro físico desató las protestas en la calle y reveló el pulso por la dirección del país que se libraba en el seno del Ejército.

 

En abril de ese mismo año, y con miles de personas cada viernes en la calle -que aún siguen pidiendo el fin del régimen militar-, ese mismo círculo de poder anunció la dimisión del mandatario más longevo y el político más hábil e influyente de la Argelia independiente.

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