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EDITORIAL

Metáfora Ciudadana

LUIS ALBERTO VÁZQUEZ
domingo 02 de enero 2022, actualizada 4:33 am


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La Hélade fue cuna de maravillosas creaciones mitológicas, literarias, jurídicas y filosóficas que marcaron al mundo occidental. Desde sus primeras concepciones basadas en el destino fijado por los dioses a través de oráculos y manifestaciones directas en héroes y semidioses hasta la percepción científica de la naturaleza, nadie se ha podido despegar de esa cosmovisión, génesis de millones de analogías que pudieron coexistir en tiempos y lugares tan distantes como universales.

Una fatalidad concebida hace dos milenios y medio nos lleva a reflexionar ¿qué pesa más: el respeto a la ley creada por humanos o a las normas dictadas por los dioses? Todo nace de un mito clásico convertido en tragedias que han sido reconocidas como obras literarias universales y replicadas por literatos, juristas y filósofos.

El rey de Tebas recibe del oráculo la terrible noticia de que su primogénito lo matará, desposará a su madre y tendrá descendencia con ella. Temeroso ordena asesinarlo, el verdugo contrito lo abandona en el monte donde es criado por un rey vecino. Este niño, Edipo, crece ignorando su origen parental. En duelo aniquila al rey de Tebas y tras vencer a la esfinge recibe como premio el trono y a la viuda del monarca como esposa con quien procrea hijos.

Al descubrir su cruel destino, Edipo se vacía los ojos, abandona Tebas y recorre Grecia como penitente acompañado de su hija/hermana Antígona. Tebas vive una guerra fratricida entre los dos hijos de Edipo: Eteocles y Polinices matándose mutuamente. Creón, hermano de Edipo toma el poder y brinda a Eteocles regias honras fúnebres. A Polinices lo abandona insepulto para que lo devoren perros y zopilotes; una humillación descomunal para cualquier griego; su espíritu vagaría eternamente sin poder gozar del Hades; quien le enterrase sería condenado a muerte.

Antígona se enfrenta a un dilema ingente: respetar el real edicto humano o desafiarlo para llorar y rendir honores a su hermano como lo marcan las normas divinas. Su justificación fue precisa: "No fue Zeus quien lo decretó… seguramente allá abajo mi acción sea elogiable". Eh ahí el tema principal de esta tragedia; la eterna contraposición entre el orden cívico y el divino.

Antígona desafía al rey y arroja simbólicamente piadosos puñados de tierra sobre el cadáver; así pretende salvaguardar el deber familiar frente al deber de Estado, decidiendo rendirle culto a su Polinices. Al enterarse el rey decide hacerle pagar por desafiar las leyes del Estado, condenándola a muerte; para evitar ser acusado de provocar su deceso ordena encerrarla en una cueva. Antígona se ahorca provocando el suicidio de la mujer de Creón y de su hijo Hemón, prometido en matrimonio a Antígona; él había suplicado a su padre por su liberación.

Hoy existe una marcada exaltación popular dentro de la sociedad mundial, ya nada volverá a ser como antes; Esta pandemia que bien podría haberse llamado "Antígona" ya que ha venido a transformar muchas de las acostumbradas reglas tradicionales. Simultáneamente existe un acentuado interés por la participación de grandes sectores populares que antes no respondían a estímulos políticos. Los jóvenes del "mayo 68" en Paris sentenciaba: "La Imaginación toma el poder" y estamos viviendo un imaginativo despertar social en todas las naciones; particularmente en Latinoamérica. Las leyes vigentes, arcaicas y oxidadas deben dar paso a las divinas, aquellas surgidas de la voz del pueblo que es la voz de Dios.

Por doquier se están agrupando los seres humanos que creen en una metamorfosis social que transforme el encapullado y agusanado sistema corrupto con normas achacosas para transfigurar y construir una nueva comunidad, tejedora de sueños y utopías donde el valor de cada persona sea absoluto.

2022 será el año de Antígona; el ser humano consecuente con su época se rebelará contra lo arcaico e injusto y revelará un sistema benéfico y comprometido que entregará directamente gracia y frutos a los más desprotegidos sin pasar por las manos de los abyectos inmemoriales y sus políticos marionetas que utilizaban el erario para sus intereses personales. Hagamos efectivo el mensaje evangélico: "si vuestra justicia no es más plena y perfecta que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos". (Mateo 5, 20)

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