EDITORIAL

La degradación

CARLOS ELIZONDO

Con frecuencia, AMLO presume los valores de las familias mexicanas. En la entrevista al programa 60 Minutes, dijo : "¿Sabes por qué no tenemos el consumo de drogas que tienes en Estados Unidos? Porque tenemos costumbres, tradiciones y no tenemos el problema de la desintegración de la familia". En el mismo sentido, a su candidata le gusta hablar de "la revolución de las conciencias", como si estuviéramos creando un país con mejores parámetros morales.

Pero más allá de la homilía diaria donde AMLO a veces enaltece nuestras supuestas fortalezas éticas, el foco en las políticas sociales son las transferencias en efectivo. No es la construcción de un Estado que promueva una vida más íntegra y segura, donde todos se comporten con apego a la ley y a ciertos valores fundamentales. El 94 por ciento de los homicidios dolosos queda impune. La tasa más alta la tiene Zacatecas con 97.6 por ciento.

El cinismo de los políticos es hoy mayor que antes. Ningún Presidente se había atrevido a designar a una ministra de la Suprema Corte sin tener la mayoría calificada en el Senado, y menos aún inexperta y sin conocimientos suficientes.

La violencia diaria en nuestro país evidencia una degradación moral creciente. A pesar de que los datos oficiales arrojan una disminución leve del homicidio, el actual será el sexenio con más homicidios dolosos en la historia del país y con un creciente número de desaparecidos. La prueba de la degradación es que la barbarie aparece con regularidad sin que cause ya mayor escándalo: una masacre en La Concordia, Chiapas; secuestros masivos en Sinaloa y Nuevo León, candidatos asesinados, un comerciante muerto en Cuautla por denunciar la extorsión... Y una sociedad que ni se impresiona ni reacciona.

Incluso en este clima de violencia sorprende la falta de empatía de los gobernantes con las víctimas. El secuestro de una niña en Taxco por la madre de la amiga que la invitó a su casa a jugar y el subsecuente linchamiento de la presunta culpable y sus dos hijos tiene como primera respuesta del secretario de Seguridad Pública municipal de Taxco una desatinada crítica a la madre: "Si yo como padre tengo un hijo, pues debo de vigilarlo, orientarlo, guiarlo. Aquí la mamá supuestamente dejó salir a su niña sin percatarse de las medidas de seguridad pertinentes".

AMLO no se ha reunido una sola vez con las madres buscadoras de sus familiares desaparecidos. Lo hizo con las Abuelas de Plaza de Mayo de Argentina. Sólo parece importarle cuando el Estado argentino desapareció personas, no cuando el mexicano es omiso y por ello desaparecen mujeres jóvenes por la infame trata sexual, u hombres jóvenes para ser reclutados por la fuerza para ser sicarios.

Después de que Xóchitl publicó un tuit solidarizándose con la familia de Camila, la niña asesinada en Taxco, arrancó una campaña en redes con la etiqueta "#repugnante", orquestada por los aliados de AMLO y su red de bots, que la acusaban de lucrar políticamente con el dolor: "Es #repugnante que toda tragedia que ocurre en el país, luego luego vuelan los buitres (políticos sobre todo de oposición) [y] quieran politizar todo y lucrar con la tragedia", se tuiteó.

Lo repugnante es que ante esta violencia la clase política no pueda ponerse de acuerdo en qué hacer para confrontarla. Hay ejemplos de que cuando un gobernante tiene la voluntad y convoca a la sociedad a enfrentar el crimen, se puede regresar a la paz, como en Coahuila.

Me gustaría ver esta discusión hoy en el debate. No sólo propuestas (no cuesta nada prometer), sino aceptar que tenemos problemas serios en la materia (dejando de buscar culpables) y ponernos, como país, a enfrentarlos. Esto va a requerir mucha energía y acompañamiento de toda la clase política y la sociedad con la futura Presidenta, así como cuantiosos recursos fiscales. Si no lo hacemos, el sexenio entrante será aún más violento y la degradación moral continuará.

@carloselizondom

ÁTICO

La violencia diaria muestra una degradación moral creciente; la barbarie aparece sin que cause ya mayor escándalo.

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